Por qué y para qué el traslado de Esteban
viernes 23 de mayo de 2008
6 de mayo de 2008
Trascripción de la homilía pronunciada por el provincial de la
Congregación de los Sagrados Corazones, Sergio Pérez de Arce Arriagada.
Queridos hermanos y hermanas, quiero comentarles por qué esto del traslado del cuerpo del Padre Esteban Gumucio.
Hace varios años ya la gente nos comenzó a preguntar a los hermanos de la Congregación si habíamos pensado, o teníamos la intención, en torno a los cinco años de la muerte de Esteban de iniciar o pedirle al obispo que comenzara un proceso de beatificación o canonización. Y ustedes nos conocen, saben que a nuestra sensibilidad religiosa estos temas no son fáciles. Es decir, dudamos, nos preguntamos si valía la pena, si era lo que había que hacer: iniciar un traslado del cuerpo y eventualmente un proceso de beatificación.
Y con nuestra duda fuimos a preguntar a nuestros hermanos mayores: al obispo de Santiago, al hermano vicario de la zona sur, qué opinaban, qué les parecía, para ver si nos empujaban o no. Y, por supuesto, que ellos fueron dos fervientes partidarios de proponer algún camino. Sobre todo, nos invitaban a iniciar este traslado del cuerpo como una manera de rescatar, de tener más cerca a Esteban entre nosotros. Todavía no hablábamos tanto del proceso de beatificación, porque ese tema, si es que llega alguna vez, es un tema futuro. Pero sí nos invitaban a tener más cerca a Esteban, su testimonio, su legado, su figura, tan significativa para nosotros. Entonces, nos alentaron y, por ahí, nos fuimos entusiasmando más los hermanos de la Congregación, y sin duda que ustedes, los hermanos de esta parroquia, los hermanos de la parroquia vecina, los familiares, también nos fueron ayudando a hacer este discernimiento.
Así que por eso estamos en este camino. Pero, también, ustedes saben que poco a poco hemos ido profundizando en el significado de este traslado, y nos hemos ido dando cuenta que el centro del traslado, finalmente, no es Esteban mismo. No queremos hacer de Esteban, y ustedes también, un objeto de culto. No queremos poner en el centro a Esteban en sí mismo, sino que queremos que Esteban nos ayude a otra cosa. Queremos que nos ayude en la permanente tarea de ser seguidores de Jesús y de evangelizar, de dar testimonio de nuestra fe en medio de nuestro mundo. Por eso hemos emprendido, ustedes, nosotros, este camino, para que Esteban nos ayude como nos ayudó en su vida, porque ustedes, mejor que nadie lo saben. Él nos ayudó, en su vida, en su ministerio, a ser discípulos de Jesús, nos anunció la buena nueva con toda la riqueza que tiene, y creemos que hoy día nos puede seguir ayudando. De hecho, ya nos está ayudando de tantas maneras. Entonces, creo que eso hay que mantenerlo presente y no perderlo de vista.
A mí se me ocurrió que esto que estamos hablando tiene harto que ver con la conferencia de Aparecida, que los obispos celebraron el año pasado, la me ha ayudado mucho cuando he comenzado a leer su texto y he recibido el testimonio de otros hermanos. Ustedes saben que los obispos del continente se pusieron a pensar en el continente y en la fe en este continente, y dijeron que el desafío principal de los cristianos en este tiempo era uno. Nosotros, dijeron, tenemos una tradición cristiana, nuestros pueblos, nosotros como Iglesia, nosotros creyentes, tenemos una tradición cristiana, una tradición católica, con sus más y sus menos, pero podemos decir que en este continente la fe cristiana ha tenido un lugar muy importante. Importante para la persona, para el grupo, para la sociedad.
Pero también, nos dicen los obispos, que esta fe cristiana se ha ido diluyendo, se ha ido erosionando. Nos dicen los obispos que esta fe católica aparece muchas veces como desgastada, la palabra es dura, como desgastada, diluida. Y por lo tanto, dicen los obispos, la fe católica que se reduce a un puro conjunto de conocimientos no va a resistir los embates de este tiempo. No va a resistir los cambios culturales, dicen los obispos, si sólo es un barniz, si sólo es algo superficial. Entonces, los obispos nos dicen: el desafío, que me parece muy importante que lo asumamos todos los cristianos, es revitalizar nuestro modo de ser católicos y nuestras opciones por el Señor. Necesitamos revitalizar entre nosotros la novedad del evangelio.
Todos sabemos que el evangelio fue en la primera Iglesia, en los primeros siglos del cristianismo, un germen de novedad, un germen explosivo de novedad que movió a personas, grupos humanos profundamente a dar testimonio de su fe y a ser transformadores de la cultura. Fue un germen de novedad. Pero este germen de novedad está hoy día en una institución con sus años, cierto, en una institución vieja en esta Iglesia católica que tiene más de veinte siglos, es una señora, una dama ya con sus años, ¿no es cierto? Y el peligro, dicen los obispos, es que este germen de novedad no dé todo lo que tiene que dar, porque lo encerramos en estructuras, en opciones, en modos de ser un tanto ya añejos, diluidos, viejos. Entonces, por eso necesitamos despertar la novedad del evangelio entre nosotros los creyentes en esta Iglesia. Necesitamos que la fe habite en el corazón de cada uno de nosotros. Que la fe que es un tesoro, la perla preciosa que el Señor nos ha permitido encontrar —eso es la fe—, que esa fe, entonces, esté en la vida de nuestra comunidad como un verdadero tesoro, y no se sigua erosionando.
Entonces, cómo hacer esto hermanos, cómo revitalizarnos la fe en las comunidades cristianas. Y hay sólo una tarea, un solo consejo de los obispos, que conocemos muy bien, es renovando nuestro encuentro con Jesucristo. No hay otra manera de revitalizar la fe. Renovar nuestro encuentro con el Señor Jesús. Nadie es cristiano, ni nadie empieza a ser cristiano por una opción ética, ideológica, ni siquiera por una adhesión a un programa, sino por el encuentro con una persona, la persona de Jesús. Por eso, es que uno empieza a ser cristiano, porque el Señor sale a nuestro encuentro. Él nos llama, él se hace nuestro amigo, nuestro Señor. Por eso hemos empezado, los que estamos aquí, a ser cristianos.
Entonces, hermanos necesitamos eso: hombres nuevos, mujeres nuevas que encontrándose con el Señor Jesús puedan dar testimonio de él, puedan ser, lo hemos hablado tantas veces, sus discípulos misioneros. Yo quiero repetir una frase que ya se ha hecho famosa en Aparecida de la conferencia de los obispos. La voy a repetir porque es muy hermosa, muy fundante. Dicen los obispos: “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona. Haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha pasado en la vida. Y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo”. Miren qué frase tan gráfica como meta modelo de nuestra vida. Entonces, ¿cual es la tarea de esta Iglesia en este momento de América Latina? Hermanos, según los obispos, es formar discípulos misioneros, y ser nosotros mismos discípulos misioneros que encontrándose con Jesús encuentren su gozo en el anuncio del evangelio. Entonces, yo les quería preguntar, y si alguno se atreve en esta asamblea tan grande, si quieren decir una palabra, estamos en familia, en confianza. Bueno… La pregunta es: y para todo esto ¿nos puede ayudar Esteban? ¿Cómo nos puede ayudar?
Sergio Pérez de Arce sscc
Superior provincial
