Esteban Gumucio
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VEN, ESPÍRITU SANTO, VEN
jueves 28 de mayo de 2009

La presencia del Espíritu en medio de nosotros

Esteban Gumucio


Podemos leer Juan 14: 26:

?El Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que yo les he dicho?.


En esta página del Evangelio vemos a Jesús orando por sus discípulos y con ellos. Es en el momento más íntimo y solemne: en la Cena de despedida. Hay ahí un ambiente denso: intimidad dolorosa, en cierta manera; inquietud y desconcierto en sus discípulos... Un Jesús que abre su corazón con vivos sentimientos de ternura que él no esconde: es el momento de hacer algo así como su testamento. Les pide una cosa, que se amen, que sean unidos; y les deja una herencia viva: el Espíritu Santo. Ese Espíritu que el Padre da y que Jesús mismo da es nada menos que Dios amando, amándose.


¡Qué impresionante es saber que Jesús está rogando por nosotros al Padre! Siempre nos impresiona saber que los hijos y los amigos están orando por nosotros: aquí se trata de algo muy real: intercede por nosotros. Le somos importantes, somos de los ?suyos?. Pero el Espíritu Santo también va a orar con nosotros...


Será el otro consolador de sus discípulos, el abogado defensor, el que va a hacer lo que Jesús está haciendo: ¡qué rica experiencia han tenido los discípulos del papel de defensor que ha tenido Jesús para con ellos! La misión del Espíritu Santo garantizará la continuidad: hará actuante aquí y ahora la Palabra y la Presencia del Resucitado.


Tal vez los discípulos, por estar todavía crudos en la fe, como nosotros, han estado buscando inconscientemente su satisfacción personal: asegurarse ellos en alguna forma, a pesar de haber dejado las redes. El terremoto que les significa la pasión, la indefensión de Jesús, su fracaso aparente nos va a mostrar hasta qué punto eran inmaduros en la fe: cuando ya no encontraron éxito y satisfacción, dudaron, huyeron, se desconcertaron... ?Si no toco con mi mano sus heridas y no meto mi mano en la llaga de su costado...?. (Juan 20,25). Es como decir: ¡ya no me voy a ilusionar de nuevo!


La acción del Espíritu Santo los llevará desde su ansia de satisfacción hasta el gozo sereno de la paz. La búsqueda de la satisfacción egoísta es lo espontáneo de nuestro natural de hombres inmaduros, pecadores. La paz, al contrario, es el resultado de una elección consciente. Jesús es perfectamente lúcido cuando elige amar hasta las últimas consecuencias la voluntad de su Padre y el bien nuestro; por eso, aun en medio de las angustias de la oración del Huerto habrá verdadera paz en su corazón. La paz es el gran deseo de Jesús. El Espíritu Santo nos va a enseñar un paso más en este camino de la paz.


¿Cómo temer si con nosotros está Jesús en su Espíritu? No tengamos miedo de encontrar en este riesgo que significa conocer más profundamente los verdaderos dinamismos que orientan y actúan nuestra vida.

 

 

 

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