Esteban Gumucio
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PRIMER ANIVERSARIO DEL TRASLADO
miércoles 23 de septiembre de 2009

HACE UN AÑO? EL PADRE ESTEBAN VOLVIÓ A CASA

Hace un año, las calles de un vasto sector de las comunas colindantes de San Joaquín y La Granja, en Santiago de Chile, se vieron conmovidas por un acontecimiento lleno de memoria y emoción. Un simple hombre, ?un pobre niño viejo?, un sacerdote comprometido, un poblador de los nuestros, un padre, un hermano, un amigo, un compañero de camino, fallecido hacía 8 años, volvía a casa: el padre Esteban Gumucio.

Nacido en Santiago, un 3 de septiembre de 1914, falleció un 6 de mayo de 2001. Tenía 86 años y 8 meses de edad. Más de 62 años de sacerdote y casi 70 años de vida religiosa. Desde su muerte, por un cáncer pancreático que lo afectó el último año de su vida, un secreto anhelo permaneció vigilante en el corazón de muchos de los que fueron ?los suyos?. El anhelo de que su cuerpo reposara definitivamente en medio de esos ?suyos?, en el corazón de la parroquia que él fundara en 1964, la parroquia de San Pedro y San Pablo.

Una tarea difícil, pero posible

Lo que parecía una tarea difícil, y casi imposible, fue inesperadamente facilitada por una opinión dicha, como al pasar, por el cardenal arzobispo de Santiago, don Francisco Javier Errázuriz: ?El padre Esteban debería estar más cerca de la gente, para que los que lo conocieron le demostraran su cariño?. La escuchó el provincial de la Congregación, la conversó con sus hermanos, escuchó opiniones, volvió a preguntarle al cardenal? Todo se confirmaba. ¿Por qué no un traslado de su cuerpo, desde el viejo cementerio católico en Recoleta a la sede parroquial de San Pedro y San Pablo? Tomada la decisión, se iniciaron las gestiones.

Cuando el padre Esteban Gumucio fundó la parroquia de San Pedro y San Pablo, su territorio abarcaba amplios sectores que iban desde la calle Departamental por el norte hasta la calle Tomé por el sur. Desde la calle Vicuña Mackenna por el este hasta la calle Santa Rosa por el oeste. Con los años, la parte norte, entre las calles Departamental y Lo Ovalle, se constituyó como una nueva parroquia, con el nombre de Damián de Molokai. Entre Lo Ovalle y Tomé, la parroquia conservó su nombre original de San Pedro y San Pablo.

Las gestiones que hubo que llevar a cabo para el traslado fueron múltiples. El ministerio de Salud debía aprobar la exhumación y el traslado a una nueva sepultura que cumpliera con todas las ordenanzas de la ley. El cementerio tenía que dar las facilidades para que todo ocurriera con expedición y eficiencia. La Congregación y la parroquia debían procurar apoyo para construir la nueva sepultura, y para ello eran necesarias tantas manos como iniciativas. Las comunicaciones se hacían entonces indispensables. Un arquitecto debía formular el proyecto y un constructor llevarlo a cabo. Pero, sobre todo, lo más importante, era movilizar y organizar a un pueblo que, convencido de la oportunidad de este traslado, acogiera al padre Esteban reconociendo en él al pastor querido, al buen compañero, al amigo infaltable, al padre de tantos.

Poner a la gente en movimiento no fue difícil. Un suave rumor primero, un fuerte clamor después, recorrió cada una de las poblaciones de ambas parroquias: ?¡El padre Esteban, el tata Esteban, vuelve a casa!? Lo gritó la gente, lo repitieron los muros. Preguntaron los niños quién era este tata que volvía a casa, y por qué se había ido ya que volvía, y dónde había estado? ¿era alguien importante? Era la preciosa oportunidad para volver a contar su historia?

Exhumación y traslado

Dos días antes del traslado, hubo que proceder a la exhumación del cuerpo del padre Esteban Gumucio. Este solemne acontecimiento, preparado hasta en los más mínimos detalles, tuvo lugar a las 9 de la mañana del jueves 25 de septiembre de 2008. Fue tan solo un pequeño grupo el convocado para ser testigo de este hecho, al interior del mausoleo de la Congregación de los Sagrados Corazones en el Cementerio Católico de Recoleta. Junto al ministro de fe, funcionario del Ministerio de Salud, y al canciller del arzobispado de Santiago, estaban representantes de la Congregación y de la familia Gumucio. Los trabajadores del cementerio procedieron a romper el pequeño muro de ladrillos que separaba el interior del nicho del exterior. Apareció una urna envejecida que, al ser retirada, se desarmó por completo. Mientras se oraba y se cantaba, los restos del padre Esteban, con veneración y cariño, fueron trasladados a una urna nueva que esperaba en el lugar, una urna sobria de sencilla madera, de líneas simples y rectas, sin adornos. Desde ese instante del jueves 25 hasta el comienzo de la tarde del sábado 27, su cuerpo esperó en la capilla del cementerio el momento del traslado.

El sábado 27 de septiembre de 2008, a las 14:30, se dio comienzo, desde el Cementerio Católico, a la ceremonia de traslado y nueva sepultación del sacerdote de los Sagrados Corazones, Esteban Gumucio Vives. Una silenciosa caravana comenzó entonces un recorrido privado desde la comuna de Recoleta hasta la comuna de San Joaquín, atravesando la ciudad de Santiago de norte a sur.

A las 15:30, la parroquia Damián de Molokai esperaba al padre Esteban en la esquina de las calles Vecinal y Departamental. Una multitud de gentes esperaba anhelante la llegada del cortejo, para acoger al Tata en su regreso a casa. Después de una hermosa ceremonia de acogida que contó con la participación de cientos de personas, entre otras la del arzobispo de La Serena, Manuel Donoso, se organizó la caravana hacia el sur, por calle Vecinal, hasta avenida Lo Ovalle, límite parroquial y a la vez límite comunal entre San Joaquín y La Granja. Allí, el párroco de San Pedro y San Pablo, Jorge Orellana, recibió oficialmente los restos de su querido antecesor Esteban Gumucio.

Muchas personas fueron rindiendo su homenaje al padre Esteban en la medida en que su cuerpo recorría las mismas calles que él caminaba en vida, con expresiones de reconocido cariño y gratitud. No faltaron los jóvenes con su batucada y una murga ecológica especialmente preparada por una de las comunidades del sector. Frente al Consultorio que lleva el nombre de Esteban Gumucio, su personal le rindió un sentido homenaje. Acompañó también el trayecto un grupo de cuasimodistas a caballo. Llegado a su destino, el féretro fue recibido por una cofradía de baile de La Tirana y ubicado enfrente de un escenario especialmente acomodado en las afueras del templo parroquial por la municipalidad de La Granja.

Eucaristía y sepultación

El arzobispo de Santiago, cardenal Francisco Javier Errázuriz comenzó a las 18:00 una festiva celebración de la eucaristía, acompañado de otros obispos, sacerdotes y diáconos. Su homilía, muy hermosa y profunda nos conmovió a todos.

Pasadas las 19:00, la urna con el cuerpo del padre Esteban Gumucio fue trasladada solemnemente a uno de los patios de la sede parroquial y depositada en una tumba nueva especialmente construida para la ocasión. En un muro tras la tumba se podía leer el nombre del sacerdote y el lema bíblico elegido para recordarlo: ?Fijos los ojos en Jesús? (Hebreos 12, 2).

Desde entonces ha pasado un año. El ?memorial del padre Esteban?, como lo llama su parroquia, ha sido permanentemente visitado día tras día y a cualquier hora. Son muchos los que allí llegan ?a conversar? con el Tata Esteban, para contarle penas y alegrías y confiarle sueños y esperanzas. Se sienten aliviados, dicen, consolados, y sobre todo, animados a poner ?fijos los ojos en Jesús?, como lo hiciera el propio padre Esteban. De tanto mirar a Jesús y poner en él fijamente su mirada, el padre Esteban aprendió a mirar como Jesús, a pensar y a sentir como Jesús, a amar como Jesús. Por eso, a la manera de Jesús, Esteban miró a la gente, a los pobres, a los jóvenes, a los niños, a los adultos y ancianos; y se entregó por ellos, por su causa, como Jesús.

El memorial del padre Esteban es hoy día un lugar de oración, un espacio donde quien quiera puede unirse a Esteban para orar juntos al ?amigo y señor Jesús?, y con él y por él, al Padre de todos.

Con motivo de este aniversario, la parroquia San Pedro y San Pablo invita a una celebración de la Eucaristía que tendrá lugar junto al memorial el domingo 27 de septiembre de 2009, a las 17:00. Están todos fraternalmente invitados.



 

 

 

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