DAMIÁN Y ESTEBAN
jueves 22 de octubre de 2009
"Damián fue uno que murió de lepra por solidaridad.
Uno que fue solidario por amor verdadero, por amor a Cristo, por amor al hermano.
Esa difícil palabra “solidaridad” se hizo concreta hasta en nuestra condición leprosa y pecadora. En Damián caminó más lejos que los límites de su raza, de su propia fe, más lejos que la prudencia, más lejos que la carne y la sangre y la propia vida.
Es infinitamente caridad que supo compadecerse, indignarse, gritar y tomar la pala y el martillo, y acercar la mano y acariciar la frente leprosa de los niños, y amasar el pan y enterrar a los muertos.
La paciente ternura de Damián era el mundo al revés.
Lo mío, tuyo, de todos.
En vez de competir, compartir; y a la hora de morir, cantar.
El amor de Damián tiene rostro de niño; nace cada día, camina, se mueve, florece en la sonrisa de los muertos-vivos.
Perseguido, marginado; pero lleno de esperanza.
El mundo egoísta, congelado de frío en las bóvedas de los bancos, y Damián limosnero solidario, corazón nuevo para una tierra nueva.
Desde una pequeña isla maldita, cristificó la esperanza con el realismo práctico del amor; y la cruz fue su potencia, fue su voz de profeta mostrando al mundo entero que todos somos pequeños".
