Nicolás Viel ss.cc., nuevo sacerdote en una iglesia más viva que nunca

El sábado a las cinco de la tarde se respiraba pura fiesta en la parroquia San Pedro y San Pablo. Ya había más de 500 personas para acompañar a la Congregación en la ordenación de Nicolás Viel González, este nuevo sacerdote para la iglesia toda. Luego iría llegando más gente, probablemente fuimos cerca de 700 en total.

Y nos detenemos en el número porque esa tarde estaba la iglesia viva. Estaba la comunidad de San Pedro y San Pablo, pero también un sinnúmero de comunidades de sectores donde se vive la iglesia desde las bases, esa “con olor a oveja” de la que tanto hemos escuchado en los útimos años, pero que a veces no comprendemos bien a qué se refería el papa Francisco.

El sábado por la tarde había olor a oveja, partiendo por el obispo, a quien costaba reconocer como tal. Desde la diócesis de Merlo-Moreno, donde sirve y vive Nicolás, llegó Oscar Miñarro (o el “chino” como le dicen todos), sencillo al punto de verlo sin atuendos episcopales en la primera misa de Nicolás al día siguiente.

La tarde comenzó en la tumba del padre Esteban, donde Enrique Moreno nos ayudó a poner en las manos del Señor al futuro sacerdote, inspirándose en poemas de Esteban, que tanto escribió sobre su propia vocación. En ese signo estuvieron todos los sacerdotes que llegaron a la ordenación. Luego comenzó la eucaristía alegremente en el frontis de la parroquia que ya estaba repleto.

Setenta miembros de la comunidad de la parroquia San José en Libertad, Argentina, habían llegado con alegría para celebrar esta fiesta. En honor a ellos, varios cantos de la eucaristía eran argentinos, donde destacó el salmo “El Señor es mi pastor” que fue danzado por Valeria Martins, que pertenece a la comunidad de San José y acompaña la pastoral de los jóvenes, además de tener a su cargo el coro de la parroquia. Fue uno de los emotivos momentos vividos en la tarde.

En la homilía vino otro de los momentos emocionantes cuando el obispo fue entregándole de a poco varios regalos a Nicolás, explicando que “esto de ser sacerdote, al menos para mi, nunca ha sido algo estipulado, cuando uno se ordena recién comienza a aprender a ser sacerdote, comenzamos un camino de discipulado y sería bueno que haya un signo para comenzar este camino”. Y partió por un morral, el cual sus hermanas le entregaron en el altar. Luego Oscar Miñarro comenzó a contarle que en ese morral iba a ir guardando simbólicamente a algunas personas que lo van a acompañar en este camino, comenzando por una fotografía de sus padres –la madre de Nicolás murió hace 14 años-.

Luego vino la figura de varios hermanos que han sido parte del proceso de formación de Nicolás como Damián de Molokai, Ronaldo Muñoz, Esteban Gumucio y Pablo Fontaine, a quien aprovechó de ir a abrazar luego de la homilía. Fue él quien recibió a Nicolás en la experiencia peumal en La Unión (un año de servicio viviendo en el sur), que marca su camino vocacional. También le entregó algunas tarjetas vacías para que se vaya escribiendo el testimonio de otras personas en este camino.

“Todo esto es de Dios y a él le pertenece”

En sus palabras de agradecimiento, Nicolás dijo que cuando recoge lo que han sido “estos años como hermano de la Congregación y como diácono, y todo el cariño recibido de distintos lugares en estos días previos a la ordenación solo puedo decir: «todo esto es de Dios y a él le pertenece»”.

Además pidió oración por él y sus hermanos sacerdotes: “Pero junto con la oración también les pido que actúen. Que actuemos. La Iglesia que nos enamora, por su fidelidad al evangelio, es responsabilidad y tarea de todos. A nadie de los que está aquí le gusta una Iglesia vertical, machista, sin apertura a la diversidad y alejada de los pobres. Esa Iglesia no tiene nada que ver con el evangelio de Jesús. Recemos, actuemos y comprometámonos juntos en la construcción del sueño de Dios para su gente.

“Finalmente miremos juntos hacia adelante. Habrá mañana hasta que Dios quiera darnos mañana; pero mientras nos lo de, tenemos la responsabilidad de llenar de creatividad y belleza este presente que nos toca vivir y a este tiempo hermoso que se nos regala para vivir intensamente, para transformar y para celebrar. Todo presente está siempre lleno de posibilidades. Lleno de evangelio. Lleno de Dios. Ahora estamos en medio de la fiesta, ahora me toca estar acá arriba y ser un poco el centro de la celebración, pero el lunes volvemos a la vida cotidiana. Y sabemos que el evangelio se juega ahí, en lo pequeño de todos los días”, concluyó.

Primera misa

El domingo 15 de cotubre a las 11 horas Nicolás se disponía a presidir la celebración de su primera misa, en el que fuera su colegio de egreso; los SS.CC. Manquehue. Los 70 argentinos llegaron junto a cientos de familiares, amigos, profesores del colegio y comunidades donde está presente la congregación. Hasta allí llegaron también numerosos hermanos sacerdotes a acompañarlo. En la acción de gracias, Nicolás pudo expicar por qué ese templo era tan importante en su vida, y por qué tenía tanto sentido presidir su primera misa ahí: “hay un conjunto de recuerdos que se anudan en esta iglesia. En ella recibí hace algunos años (muchos años) mi primera comunión. Aquí viví eucaristías significativas como la confirmación, la salida del colegio y el matrimonio de dos de mis hermanos. En este mismo lugar despedimos juntos a mi papá y hermanos, y después de una larga enfermedad la vida de mi mamá, que ya descansa en Dios. En esta misma Iglesia realicé hace dos años la profesión perpetua como religioso de la Congregación, acompañado por mucho de ustedes. Y la verdad es que nunca me imaginé que en este mismo lugar celebraría mi primera misa, bueno a decir verdad hasta muy tarde nunca me imaginé celebrando misas. Agradezco que este lugar, que es mi casa, me haya acompañado en tantos momentos. Todo esto hace que este lugar sea un pequeño sacramento de la alegría, del compromiso, del encuentro y también del dolor y la partida”.

Y termina su acción de gracias con un poema del padre Esteban dedicado a sus padres por su propia vida.

SIN TU ANILLO

Sin tu anillo, papá; sin tu anillo, mamá;
hoy no sería sacerdote ni esta misa sería misa,
ni esta Palabra de Cristo en mi palabra,
sería versión humana de la verdad divina.
Gracias, por esas manos enlazadas, y por la fuerza de tu dedo, padre;
y por la suave entrega de toda tu confiada ternura, madre.
Entre vuestros dedos,
en el cálido espacio de vuestro amor corporal y espiritual,
aprendí a encontrar el camino,
a conocer la verdad,
a celebrar la vida.

La fiesta del fin de semana y la tarde de ese domingo terminó con la ya clásica “Copa Viel” disputada en las canchas del colegio, que mantuvo a cerca de 80 jugadores activos hasta cerca de las 20 horas.

A %d blogueros les gusta esto: