Testigos de nuestro tiempo

El padre Esteban Gumucio Vives fue un testigo señero de nuestro tiempo. Sus primeros años los vivió en el seno de una familia acomodada, aunque modesta en lo económico 1. Su padre, hombre público, periodista, abogado y político, era un hombre “que tenía relación con la aristocracia” 2.

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Su madre, definida por él mismo como “una mujer extraordinariamente bondadosa y serena”, tuvo once hijos que él recuerda como “hermanos muy unidos, que se respetaban y querían”. Educado en el Colegio de los Sagrados Corazones (Padres Franceses), ingresó a la Congregación que lleva ese nombre, en la cual ejerció los roles de sacerdote, profesor, superior y provincial, y maestro de novicios. En ese mundo podríamos decir acomodado, entregó sus primeros testimonios de generosidad y servicio. En cambio, la segunda y mayor parte de su vida activa la vivió en el seno del mundo popular.

Fue un paso abrupto de la seguridad y el bienestar al contacto con la miseria, el hambre, las carencias de todo tipo. A fines de los años ’60 y a partir de los ’70, se vio inserto en la vorágine de esa época de violentas transformaciones de nuestro orden social, económico, político y cultural. Le correspondió ser testigo directo de la violencia padecida por los más postergados como consecuencia del Golpe Militar de 1973. Presenció y se conmovió con el sufrimiento, la cárcel, la tortura, la muerte y la desaparición de personas ocurrida en muchas familias de su sector.

Ante este drama, reaccionó con fuerza de profeta, levantando su voz de denuncia con firmeza, defendiendo las libertades y los derechos de los demás. Por ello fue perseguido, estigmatizado y muchas veces incomprendido. Este rol de denuncia y defensa del débil, lo ejerció violentando, en cierto sentido, su personalidad naturalmente pacífica. “Yo soy sereno, soy tendiente a evitar los conflictos; no soy conflictivo”, se definía él mismo. Sin embargo, este hombre tranquilo y pacífico, se vio forzado a convertirse en un verdadero signo de contradicción.

A fin de comprender y apreciar su rico mensaje social, es preciso adentrarse en esta condición por él asumida de “signo de contradicción” y “puente entre dos mundos”. Toda su personalidad y riqueza espiritual se desplegó en medio del específico contexto social en el que desarrolló su acción.

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